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Características
    Los caracteres básicos del románico en La Montaña palentina aluden a pequeñas iglesias rurales de una sola nave sin crucero, un solo ábside y la portada abierta al muro sur y en algunos casos porticada.

    Dentro del románico de La Montaña podemos distinguir dos tipos de templos: las iglesias del siglo XII y algunas de principios del XIII de arco de medio punto, de espléndida construcción y abundante decoración iconográfica, y las iglesias de mediados del siglo XIII y el Siglo XIV de arco apuntado, decoradas sobre todo con motivos vegetales y geométricos y pertenecientes al estilo románico de transición al gótico.

    La mayoría de los monumentos románicos de La Montaña presentan la típica espadaña o flecha de piedra que suele poseer dos pisos de troneras (dos abajo y una arriba) separadas por impostas, para albergar las campanas.

    Hay algunas excepciones -como la de Santa María de Aguilar- que presenta seis troneras (cinco abajo y una arriba), y otros que presentan dos troneras como Brañosera, Matalbaniega, Renedo de Ynera, Mave, etc.

    Incluso existen templos con una pequeña espadaña de una sola tronera como el caso de la iglesia rupestre de Olleros de Pisuerga. También existen interesantes ejemplos con esbeltas torres cuadrangulares como los de Villanueva de las Torres, Santa Cecilia de Aguilar, Celada de Roblecedo y Corvio.

    La decoración de los monumentos románicos de La Montaña se concentra sobre todo en las portadas, vanos y canecillos y suele ser de carácter vagetal o iconográfico y claramente influenciada por las corrientes decorativas francesas del camino de Santiago y las corrientes decorativas burgalesas procedentes del monasterio de las Huelgas Reales.

    Sin embargo existen algunas corrientes decorativas autóctonas que basan sus motivos en fauna y flora locales.

    Los muros en general son de sillería bien tallada y con las marcas de las familias de canteros, y con abundante piedra rojiza sobre todo en el sur de la montaña y en los límites con El Páramo.

    Los ábsides suelen ser semicirculares, aunque hay algunos rectangulares normalmente localizados en pequeñas iglesias.

    La mayoría de las construcciones presenta contrafuertes -de tipo prismático y escalonados- que no suelen llegar a la cornisa.

    En general los vanos más interesantes aparecen en los ábsides que suelen presentar tres vanos formados por una arquivolta de baquetón bordeada interiormente por una moldura decorada y sostenida por pequeñas columnas con capiteles también decorados.

    Las bóvedas más utilizadas son las de medio cañón y sobre todo las de cañón apuntado que se emplean en las naves y se refuerzan con arcos fajones también apuntados.

    Los apoyos interiores, como en el resto del románico provincial, suelen estar formados por medias columnas con capiteles decorados cuando apoyan arcos triunfales, y con pilares multiformes cuando apoyan arcos que separan las naves.

    Los diferentes elementos de las columnas que aparecen en las portadas, vanos y arcos torales y triunfales, son de enorme variedad, así como los capiteles, cimacios e impostas que aparecen profusamente decorados con motivos historiados o vegetales, y en algunos casos con adusta decoración geométrica.

    Entre los monasterios con más influencia en La Montaña cabe citar el de Santa María la Real de Aguilar de Campóo, de estilo cisterciense y que junto al de San Andrés del Arroyo dejaron su impronta en los monumentos románicos de La Montaña.

    También cabe destacar el monasterio de Santa María de Mave, emparentado artísticamente con el de San Andrés del Arroyo y adscrito al monasterio burgalés de Oña.

     Finalmente podemos destacar la abadía de Lebanza fundada a mediados del siglo X por los condes Alfonso y Justa, reconstruida en el siglo XII. Es uno de los santuarios marianos más importantes de la región cantábrica, y ha sido totalmente transformado en el siglo XVIII por lo que no quedan restos de la primitiva fábrica románica.

    En La Montaña existen escasas pinturas murales. Se puede destacar las de la iglesia de Revilla de Santullán, auténtica joya del románico en la cuenca del Rubagón, que poseía unas interesantes pinturas murales que parece ser fueron arrancadas y sustituidas por una imitación -que emulando las originales- adorna actualmente el ábside.

     También existen pinturas murales de estilo gótico en los templos de Valberzoso y San Felices de Castillería, con temas dedicados a la Virgen.

    Cabe destacar también, una interesante colección de pilas bautismales románicas de los siglos XII y XIII entre las que podemos distinguir dos tipos diferentes según su decoración: temas iconográficos (Guardo, Valcobero, Rebanal de las LLantas) y motivos vegetales y geométricos (Brañosera, Revilla de Santullán, Cillamayor, Porquera de los Infantes, Villarén de Valdivia).

    El gótico es pobre y con gran dependencia en los aspectos constructivos y decorativos del románico durante los siglos XIII y XIV, a pesar de que lentamente se van imponiendo los arcos apuntados en portadas y vanos que anuncian el nuevo estilo.

    Es en los siglos XV y XVI cuando aparecen algunos monumentos plenamente góticos que utilizan la nueva decoración de arcos ojivales y conopiales y las bóvedas de crucería, como en los casos de la colegiata de San Miguel (Aguilar de Campóo), las iglesias de Quintanaluengos, Salinas de Pisuerga y Barcenilla, la colegiata de Santa María del Castillo (Cervera de Pisuerga) y la iglesia de El Campo.