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Historia
    Las tierras de El Páramo fueron explotadas por primera vez de forma organizada por los vacceos, pueblo prerromano que desarrolló en toda la cuenca del Duero una economía agrícola-ganadera en la que la producción básica eran los cereales (centeno y trigo) y la ganadería ovina, bovina y caballar que ha perdurado hasta tiempos recientes.

    Los romanos entraron esporádicamente en los territorios del páramo durante las Guerras Cántabras (29-19 a.C.) como lo constata Plinio cuando cita las Fontes Tamarici en Velilla del Río Carrión, y algunos restos de útiles de campaña y monedas romanas encontrados en la Valdavia, que atestiguan el paso de la Legio IV Macedónica como avanzadilla en dichas guerras.

    Sin embargo los romanos eligieron para sus villas y explotaciones estables las tierras llanas y fértiles del Carrión (villa romana de la Olmeda) y del Cueza (villa romana de Quintanilla de la Cueza), al suroeste del páramo.

    La civilización hispano-romana creada por la romanización de Hispania entre los siglos I a.C. y V d.C., subsistió casi intacta en El Páramo hasta el reinado de Alfonso I el Católico (739-757), cuando fue afectada por la política de despoblación del valle norte del Duero, con el objetivo de crear una frontera despoblada ante las invasiones del reino astur por parte de las tropas de Al-Andalus.

    Desde la caída del imperio romano de occidente el año 476, hasta la llegada de los árabes a la península el año 711, los pobladores hispano-romanos del páramo palentino vieron pasar de largo a los pueblos bárbaros, y durante el siglo VII pasaron a formar parte del estado visigodo, creado en torno a los llamados Campos Góticos (actual Tierra de Campos), como parte integrante de su frontera norte.

    La civilización de Al-Andalus no influyó prácticamente en la vida cotidiana de los habitantes del páramo palentino entre los años 714, fecha en que los musulmanes dan por finalizada la conquista de la península ibérica, y 939, fecha de la primera gran victoria de las tropas cristianas sobre los musulmanes en la batalla de Simancas, como prueba el hecho de no existir apenas restos de dicha civilización en él.

    El primer momento histórico importante del páramo está relacionado con su repoblación por parte de los monarcas asturianos con brazos cántabros y navarros.

    Dicha repoblación se realiza dentro del gran proceso repoblador del valle norte del Duero que se lleva a cabo desde mediados del siglo VIII hasta mediados del siglo X, una vez reconquistadas las tierras del valle norte del Duero a los musulmanes, cuyo momento culminante, como ya constatamos, es la victoria de Simancas en el año 939 conseguida por las tropas astur-leonesas de Ramiro II (931-951) y las castellanas del conde Fernán González (930-970).

    El proceso repoblador se realiza por el sistema de presura (apropiación simple de terrenos vacíos y despoblados) y tiene dos etapas: una primera hasta el año 820, en la que, a causa de la debilidad de la monarquía asturiana, los terrenos vacíos y yermos son repoblados de forma privada por pequeños grupos de personas dirigidos por eclesiásticos o nobles; y una segunda etapa a partir del 820, en la que la monarquía asturiana ya fortalecida y los poderosos condes de Castilla dirigen oficialmente la repoblación.

    Durante el reinado de Alfonso I el Católico (739-757) son ocupadas Saldaña y Mave aunque de forma circunstancial y momentánea con lo que también el páramo palentino queda momentáneamente libre para los repobladores norteños.

    Bajo el reinado de Alfonso II el Casto (791-842) la repoblación comienza a tener una cierta consistencia como demuestra la primera Carta Puebla dada el año 824 por el conde Munio Núñez y su esposa Argilo a localidad de Brañosera, como primer documento oficial destinado a la organización del territorio.

    Con la llegada al trono de Alfonso III el Magno (866-910) se inicia la creación de una línea de fortalezas en el río Duero (Osma, Clunia, Simancas, Toro, etc) para proteger las tierras repobladas al norte del Duero, por lo que las tierras del páramo quedan definitivamente libres de musulmanes por lo que son repobladas a mediados del siglo X.

    Según Pérez de Urbel, hacia el año 940 Fernán González, aprovechando la circunstancia favorable de la victoria de Simancas, y con el objetivo de fortalecer su condado para lograr posteriormente su independencia del reino de León, pleitea con el rey Ramiro II afirmando su derecho a ocupar los campos entre el Cea y el Pisuerga, por pertenecer a la antigua tribu de los vacceos.     Desde mediados del siglo X hasta el siglo XII el páramo palentino permanece bajo la jurisdicción de los condes de Saldaña y Carrión.

    Durante el reinado de Sancho el Mayor (992-1035) se inició una estrecha relación con la Santa Sede, fruto de la cual fueron la introducción de las teorías político-pontificias sobre el origen divino de la potestad real, y la introducción de las normas benedictinas en los monasterios españoles que poco a poco fueron quedando bajo la jurisdicción de la Orden de Cluny.

    Con la coronación de Fernando I (1037-1065) invade Castilla una corriente religiosa entusiasta de santos y reliquias y caracterizada por la fundación de iglesias y monasterios, en su mayoría donaciones reales o de los condes de Carrión y Saldaña.

    En 1065 se funda San Martín de Frómista con la presencia de los obispos de Palencia y Burgos. A partir de entonces van apareciendo en el páramo palentino los primeros monumentos que inician el nuevo arte románico (nombre aplicado en el siglo XIX por creer, erróneamente, que sus formas derivaban del arte romano), y que representa el primer estilo internacional de Europa, el triunfo de la piedra como elemento constructivo perdurable, y la imposición de la espiritualidad cristiana en Occidente a través de los monasterios y los caminos de peregrinación. A la creación del estilo artístico románico contribuyó en gran manera la orden benedictina, y en especial Cluny, con su intervención activa en la organización de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, facilitando con ello la difusión de las formas románicas a lo largo y ancho del Camino.

    A partir del reinado de Alfonso VI (1065-1109) se consolida la influencia de la orden de Cluny en la iglesia castellana a causa del interés del rey por esta orden monástica francesa. Como muestra de ello los monasterios de San Isidro de Dueñas y San Zoilo de Carrión fueron ofrecidos a la orden de Cluny.

    Este reinado fue pródigo en disputas entre los obispados de Palencia y Burgos con objeto de determinar sus límites y posesiones. En 1116 el obispo de Burgos Don Pascual enajena algunos monasterios del páramo como Santa Eufemia de Cozuelos.

    En pleno reinado de Doña Urraca (1109-1126), concretamente en 1120, aparece el Codex Calistinus del presbítero francés Aimeric Picaud que diseña el camino francés a Santiago de Compostela, y cita las localidades de Frumesta et Carrionus. Es precisamente a partir del siglo XII y por influencia de las peregrinaciones a Santiago de Compostela, cuando comienzan a florecer monasterios e iglesias en el páramo palentino.

    Durante el reinado de Alfonso VII el Emperador (1126-1157) las tierras del páramo se tranquilizan y continúa la construcción de algunas iglesias.

    Pero la etapa más importante del románico en el páramo y en general en toda la provincia de Palencia se produce durante el reinado de Alfonso VIII (1158-1214). En esta época florecen los monasterios de Cozuelos, San Andrés del Arroyo, Santa María de Aguilar, etc, y se produce una auténtica explosión del románico en las cabeceras del Pisuerga.

    Desde mediados del siglo XIII hasta el siglo XIV sigue existiendo en el páramo una corriente constructiva que inicia la transición al nuevo estilo gótico, que dada la escasez de medios del páramo sigue siendo un arte plenamente rural, y va penetrando muy despacio de este a oeste del páramo por los valles del Burejo, Boedo y Valdavia donde prácticamente se detiene, ya que entre la ribera oeste del Valdavia y el río Carrión, no encontramos monumentos románicos ni góticos, si exceptuamos la iglesia de Fontecha. Esta corriente constructiva actúa casi siempre bajo la influencia de los monasterios e iglesias más florecientes como San Martín de Frómista, Santiago, Santa María y San Zoilo de Carrión, Santa María la real de Aguilar, San Andrés del Arroyo y San Román de Entrepeñas.

    En el siglo XV continúa en el páramo la construcción de algunas iglesias ya plenamente góticas pero con ciertas dependencias constructivas del románico, como el caso de Traspeña, Villaverde de la Peña, etc, seguramente influenciadas por las fábricas góticas de Santa María la Blanca de Villarcázar de Sirga y las catedrales de Burgos y Palencia, aunque siguen siendo iglesias rurales de una sola nave.

    A finales del siglo XV y principios del XVI encontramos en el páramo una serie de iglesias del gótico final o isabelino, caracterizadas por sus arcos conopiales como Castrejón de la Peña, Congosto de Valdavia, Espinosa de Villagonzalo, etc, algunas de las cuales como es el caso de Congosto de Valdavia, presentan hasta tres fábricas constructivas diferentes.

    Como colofón podemos afirmar que desde la segunda mitad del siglo XI hasta la primera mitad del siglo XVI, el románico y el gótico del páramo palentino representan la preeminencia de lo religioso y el control casi absoluto del territorio del páramo palentino por parte de la Iglesia, a través de monasterios y templos.