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Características
    La mayoría de los monumentos románicos del Páramo son pequeñas iglesias rurales de una sola nave sin crucero, un solo ábside, y la portada abierta en el muro sur y porticada.

    Los muros suelen ser de sillería bien tallada, tanto en el exterior como en el interior, utilizando la peculiar piedra amarillenta-rojiza abundante en la zona.

    Los ábsides, sigiendo la tradición románica, suelen ser semicirculares, aunque en las iglesias más pobres también aparecen algunos rectangulares.

    La mayoría de las construcciones -tanto románicas como góticas- presenta los tradicionales contrafuertes escalonados de tipo prismático.

    Generalmente salen del muro sin llegar casi nunca a la cornisa, aunque existen excepciones - como San Andrés del Arroyo- en donde apoyan directamente en la cornisa.

    Muchas iglesias del Páramo presentan la típica espadaña o flecha de piedra. Suele tener dos pisos de troneras separadas por impostas, para albergar las campanas.

    En el piso inferior suele haber dos troneras con arco de medio punto o apuntado y una en el superior.

     Esporádicamente aparecen espadañas de cuatro troneras y alguna pequeña ermita con una sola.

    Los vanos más comunes aparecen en los muros y sobre todo en los ábsides. Estos, suelen presentar tres vanos formados por una arquivolta de ancho baquetón bordeada exteriormente por una sola moldura de tacos y sostenida por dos pequeñas columnas con capiteles historiados o vegetales.

    En algunos casos esporádicos podemos encontrar vanos rectangulares o simples vanos abocinados al exterior sin decoración.

    Los arcos suelen ser el de medio punto o apuntados, aunque podemos encontrar algunos trilobulados con arquillos de medio punto como es el caso de Perazancas, Vallespinoso de Aguilar o Zorita del Páramo.

    En cuanto a las bóvedas, la más utilizada desde fines del siglo XII es la de cañón apuntado que se emplea sobre todo en las naves y que frecuentemente se refuerza con arcos fajones también apuntados.

    Los apoyos interiores suelen estar formados por medias columnas con capiteles decorados cuando apoyan arcos torales o triunfales y pilares multiformes cuando apoyan los arcos que separan las naves.

    A pesar del importante número de monasterios, sólo se conserva en la actualidad un claustro en buenas condiciones. Es el de San Andrés del Arroyo, de transición al gótico y de estilo cisterciense.

    De otros conventos importantes como Arenillas de San Pelayo sólo queda la Sala Capitular, mientras que de San Román de Entrepeñas quedan solo las ruinas de una torre de control.

    La mayoría de las construcciones románicas ha sido transformadas - al menos en parte- en siglos posteriores.

    En algunos casos sólo quedan pequeños restos de románico tales como: vanos, canecillos, o espadañas.

    Muchas de las iglesias del páramo son de transición al gótico, (siglos XIII y XIV) por lo que, junto a elementos románicos, presentan elementos de estilo claramente goticista.

    El gótico -de los siglos XIII y XIV- es pobre a causa sobre todo del aislamiento, la escasez de población y medios materiales. Tiene una fuerte dependencia del románico en los aspectos constructivos y decorativos, aunque lentamente va imponiendo sus arcos apuntados en portadas y vanos.

    En general se sigue utilizando la sillería tanto en el exterior como en el interior de las iglesias, y a menudo se reutiliza la sillería de las fábricas románicas.

    A finales del siglo XV cuando se aprecian mayores cambios en la construcción y decoración de las iglesias. Comienzan a aparecer los arcos conopiales del gótico final, al tiempo que la decoración de piñas y entrelazos vegetales se generaliza.

    Las columnas se convierten en columnillas no monolíticas, estilizadas y con decoración geométrica o de piñas en sus cabeceras.

    También aparecen los pináculos como remate de los arcos conopiales o de los aleros, profusamente decorados con entrelazos vegetales.

    En el interior de las iglesias la bóveda de cañón apuntado es sustituida por la bóveda de crucería a partir del siglo XV.

    La decoración se concentra en las portadas, vanos y canecillos.

    Suele ser de carácter vegetal o historiado, visiblemente influenciada por la escultura y decoración de corrientes francesas plasmadas con anterioridad en Carrión, Aguilar, Frómista y Mave.

    Los diferentes elementos de las columnas que aparecen en portadas, vanos, arcos torales, etc, son de una variedad enorme.

    Los fustes suelen ser lisos y monolíticos, aunque a veces como en San Andrés del Arroyo aparecen fustes llenos de fantasías decorativas de carácter vegetal y geométrico.

    Las basas en las iglesias más pobres y tempranas son más bien toscas, pero más tarde -por la influencia de las escuelas de San Andrés del Arroyo y Santa María la Real de Aguilar- se hacen más perfectas adoptando normalmente la forma ática con lengüetas o garras.

    Los capiteles, cimacios e impostas son de gran variedad y aparecen profusamente decorados con motivos historiados o vegetales, aunque también podemos encontrar algunos decorados con adustez geométrica.

    Los frisos esculturados, no son demasiado abundantes en el páramo palentino si exceptuamos los de Moarves de Ojeda, Pisón de Castrejón, Traspeña y Zorita del Páramo.

    Como caso interesante podemos citar también los espléndidos relieves de la ermita de Tablares en ambos laterales de la portada con los temas de la Crucifixión y el Tetramorfos.

    En cuanto a pinturas murales existen restos interesantes en dos pequeñas ermitas románicas: San Pelayo de Perazancas y Santa Eulalia de Barrio de Santa María.

    En San Pelayo de Perazancas aparece el tradicional Pantocrator en la mitad derecha del cascarón del ábside, e intercalado entre los vanos se despliega un completo apostolado.

    También aparece la personificación de los meses del año y el resto se decora con temas vegetales y animales.

    En Santa Eulalia de Barrio de Santa María, el cascarón del ábside estaba ocupado por un Pantocrator enmarcado en la mandorla y rodeado por los símbolos del Tetramorfos.

    En los muros del presbiterio parece que había diversas escenas y decoraciones muy difíciles de analizar y datar a causa de los escasos restos que quedan de ellas.

    Un aspecto muy interesante del románico del Páramo son las numerosas y excelentes pilas bautismales que poseen algunas de sus pequeñas iglesias y que han llegado en buenas condiciones hasta nuestros días.

    Existen dos tipos básicos: pilas con decoración geométrica o vegetal y-pilas con temas iconográficos.

    Al primero de ellos pertenecen las pilas bautismales de Arenillas de San Pelayo y Zorita del Páramo.

    Al segundo grupo, más numeroso, pertenecen las de Colmenares, Calahorra de Boedo, Renedo de Valdavia, Moarves de Ojeda y Cembreros.